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La Musicoterapia y la importancia del vínculo madre-hijo en la intervención temprana.

La Musicoterapia y la importancia del vínculo madre-hijo en la intervención temprana.

La Musicoterapia

LA IMPORTANCIA DEL VÍNCULO MADRE-HIJO EN LA INTERVENCIÓN TEMPRANA

La Musicoterapia como profesión se utiliza en diferentes ámbitos de intervención. La Musicoterapia Infantil es el área de especialización de la Musicoterapia que se ocupa del trabajo con niños/as. La infancia comprende desde el nacimiento hasta los 11/12 años (Primera Infancia: 0- 24 meses / Niñez Temprana: 24 meses-5/6 años / Niñez Intermedia: 6-11 años aproximadamente).

La Musicoterapia en Estimulación Temprana o en Atención Temprana es un tipo de abordaje terapéutico que desde sus recursos específicos tiene como finalidad promover, prevenir y restablecer la salud biopsicosocial, facilitando la comunicación, la expresión y la integración en niños de 0 a 6 años con trastornos neurológicos, anomalías genéticas, dificultades sensoriales, trastornos de comunicación, y niños en riesgo ambiental, y en los casos en que se compromete el vínculo madre-hijo, por diversas causas. (Lazo, 1998; 2005).

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ORIGEN Y DESARROLLO DE LA VOZ EN EL INFANTE

Según los estudios de Spitz, la vocalización del infante, al principio sólo sirve para descargar tensión, pero en relación al desarrollo del sujeto, va sufriendo modificaciones progresivas hasta convertirse en un juego, en el cual el niño imita y repite sus propios sonidos. Este proceso evolutivo comienza alrededor de los tres meses de vida, momento en que el sujeto puede oír los sonidos que él mismo produce y discriminarlos como diferentes de los que provienen del medio circundante.

Por otra parte, la vocalización no pierde su carácter de descarga, de reducción de tensión, de placer. Además, la posibilidad que tiene el niño de divertirse produciendo sus propios sonidos y ruidos, o cesando de producirlos, es quizás una de las primeras actividades en las que experimenta su omnipotencia.

“…El infante produce sonidos, sobre todo de la variedad rítmica, reiterativa, linguales y labiales, que escucha cuidadosamente y que repite una y otra vez, creando su propio eco, la primera imitación acústica. Seis meses después, utilizará esta experiencia al imitar los sonidos que oye de su madre”

Ruth Fridman toma el tema de las primeras emisiones sonoras desde el punto de vista musical, señalando que el llanto está constituido por sonidos que adquirieron a través del proceso histórico de la hominización determinadas características en relación al poder creador del hombre, quien creó sistemas que partieron de su propia producción sonora.

Con relación a esto, la misma autora, realizó estudios observando y registrando el llanto de recién nacidos, luego de los cuales comprobó que el llanto de los lactantes se desarrollaba sobre un acorde perfecto; y que es notable la fluidez y organización del llanto de un lactante bien integrado físicamente. Así también, en los casos en que el niño no es tratado y alimentado adecuadamente, se ven afectadas la expresión sonora y la adquisición lingüística.

En el llanto observamos la forma particular e individual de cada ser humano en su expresión, esta producción sonora genera conductas en el niño y en aquellos que lo atienden, ya que el recién nacido va aprendiendo que su llanto es una señal de llamada, y que los padres aprenden también a diferenciar los diferentes modos de expresión de su hijo.

El lenguaje emocional de los padres, las estimulaciones rítmicas, los arrullos, son expresiones irremplazables, ya que el proceso de musicalización del niño sólo pueden darlo los adultos.

   “…Ser sensible a la expresión musical es producto de un proceso eminentemente afectivo. El canto es fruto de una larga evolución social…”

Desde su nacimiento, el niño escucha un lenguaje casi cantado y su expresión vocal es por naturaleza entonada. La relación vincular por medio de la voz es irremplazable, nada puede sustituir la voz de los adultos, en especial la de la madre, y la media lengua con la que se comunican los adultos y el niño es parte de la conducta social que le facilita la adquisición del lenguaje. Por otra parte, imitar los sonidos del bebé, implica darle la posibilidad de compararse con los adultos y de este modo conocer su propia voz.

La expresión vocal del niño en sus variados aspectos es parte de su personalidad y puede revelar características tanto de sus impulsos creadores como de alguna perturbación psíquica y emocional a nivel de la comunicación social.

El niño desde su primera infancia vive inmerso en un mundo de lenguaje.

Anzieu denomina “baño de sonidos” a los estímulos sonoros que recibe el lactante durante los primeros meses de vida, y que lo preparan para la posterior etapa del “espejo sonoro”.

Previamente al sentido y a la comunicación hablar puede significar el placer de producir ruido con la boca; el parloteo del niño puede así compararse con la acción de chuparse el pulgar, acariciarse la piel o masturbarse.

Podemos suponer que el bebé asocia el placer de “ser hablado” con el placer de “ser alimentado”.

Generalmente es jugando con el niño como la madre le enseña las primeras palabras que constituyen el léxico del cuerpo, nombres de las partes de éste. Se puede decir entonces que la primera experiencia de la palabra como unidad significante es una experiencia en la que la madre habla al niño de su cuerpo, de la topografía, de las posibilidades y de los dolores de éste.

Winnicott destaca el parloteo, como uno de los fenómenos transicionales. El baño melódico (la voz de la madre, sus canciones, la música que le hace escuchar), antes que la mirada y la sonrisa de la madre que amamanta al niño, pone a su disposición un primer espejo sonoro que usa en principio por medio de sus gritos (que la voz materna en respuesta apacigua); luego por medio de gorjeo y finalmente por medio de sus juegos de articulación fonemática. Por todo esto podríamos pensar que el espacio sonoro es el primer espacio psíquico.

Françoise Dolto desarrolla la idea de la voz como sucesora simbólica de la leche materna. La lactancia es el primer circuito de relación y comunicación que queda ampliado con el destete a un circuito de comunicación mayor, más sutil y más simbolizado. Entonces, si bien el destete es una vivencia de pérdida para el niño, es también una posibilidad de aceptar y descubrir que a través de esta necesaria separación se conquistan nuevos objetos y aprendizajes.

La fusión del cuerpo infantil con el cuerpo materno será alejada en el destete. Esta fusión es reencontrada en un plano simbólico en el intercambio de frases entre la madre y él.

El placer que tiene el niño al hablar con la madre viene a dar presencia al primer placer intercambiado en la lactancia a través de cuidados, contacto, caricias y miradas.

Este primer placer del lenguaje, permite al niño cuando crece, distanciarse de su madre en cuanto que primer objeto de amor y así poder acceder al mundo simbólico.

EL CANTO

El canto es para Willems el principio y el alma de la música, es la música misma hecha carne, éste posee un valor indescriptible en sí mismo; dice Willems también que muchos niños, antes de los dos años pueden cantar breves canciones, pues éste, “como expresión del dinamismo sonoro libre y como reflejo de elementos afectivos, es accesible para el niño antes que la palabra”.

El canto es la base de la iniciación; es uno de los medios más naturales para ayudar a formar la personalidad, y es, además, un elemento espontáneo.

La música está implicada desde el inicio en la vida de todo ser humano.

Dice M. Papalía: “Un niño es un nombre y el canto que recibe”.

Las madres que cantan a sus hijos no desafinan. Tampoco se detienen en la literalidad de lo que cantan o de los sonidos que ponen en juego en su relación con el niño.

Decir el canto es decir la voz. La relación madre-hijo determina la posibilidad y el modo de vida de un sujeto.

La canción materna es un baño sonoro que inicia un camino de “ubicación estructural del sujeto”.

Considerar la canción como estrategia de comunicación implica revalorizar en la música en este mismo sentido. Privilegiar esa apertura desde un ordenamiento simbólico que le permitirá al sujeto escribir su historia y convertirlo en hacedor de otros cantos, para transmitir inconscientemente lo que ha recibido.

Por eso, antes de aprender a cantar está el canto.

LA CANCIÓN COMO ESTRATEGIA DE COMUNICACIÓN

La canción de cuna como elemento musical sintetiza en sí misma las posibilidades de la música, en la vida del niño.

Cuando hablamos de canción hablamos de “lo cantado”. De una estructura musical por lo general sencilla, que a la vez que es una estructura formal es afecto. Implica a otro que está obligado o dispuesto a escuchar.

La Musicoterapia propone desde la canción una estrategia de comunicación. Esto no es una experiencia de trabajo regresivo. Se trata de abordar el trabajo musicoterapéutico desde  la recepción de la voz del otro en una estructura: la música.

La voz materna, que del lado del bebé se traduce en términos de estructura en tanto se comienza a organizar las percepciones, y al mismo tiempo en términos de contención, protección, seguridad, y descanso. También es una voz que transmite cultura. La combinación necesaria que hace a una madre responsable de un canto partícipe y protagonista de esta transmisión.

Todas las madres les cantan a sus hijos. O mejor dicho, todas las madres que desean a sus hijos cantan para ellos, y también para sí mismas, decía Gabriela Mistral como un modelo de elaborar ansiedades y miedos (en relación con el enigma que plantea ser madre). Todos los hijos escuchan este canto aunque sean sordos. Necesitan este canto como la cobertura necesaria en la infancia que haya alimentado toda necesidad de afecto, placer y contención materna que los preparará frente a un mundo a veces frustrante.

Al recién nacido no le basta la satisfacción de sus necesidades biológicas, sólo puede recibirlas transmitidas en la madre.

René Spitz ha estudiado este tema profundamente. La pregunta eje de su investigación apuntaba a entender por qué razón, niños sin madre hospitalizados bajo los mismos cuidados y atenciones morían, mientras que otros podían superar la carencia.

Concluyó que era determinante cierta relación afectiva especial de las enfermeras hacia algunos niños quienes acompañaban con sonidos, palabras, mirada y caricias el tiempo de la alimentación u otros cuidados de los bebés.

La canción no es sólo una estructura musical particular, sino que es una estructura contextuada en el marco de una relación afectiva.

Hablamos de una relación primera, un molde de palabras que ubica al niño en determinada manera  en relación con sus percepciones, con los otros y con el lenguaje.

Una madre que canta a un hijo transmite un acto de cultura, de inserción en el lenguaje.

DESARROLLO MUSICAL INFANTIL: UNA PERSPECTIVA

MUSICOTERAPEUTICA

La Infancia es un período caracterizado por cambios continuos tanto a nivel orgánico como psicológico. El desarrollo infantil puede definirse como el conjunto de cambios cualitativos y cuantitativos que se producen en las estructuras y las conductas musicales en los niños.

 

La relación del individuo con la música comienza antes del nacimiento. A medida que el sujeto se desarrolla mantiene una relación más o menos activa con el sonido y la música, y ésta nunca dejará de formar parte de su vida.

El ser humano es, por naturaleza, un productor y receptor de sonidos, y en su desarrollo psico-evolutivo los estímulos sonoro-musicales influirán y contribuirán a la consolidación de la personalidad (Benenzon 1971; Gainza 1997; Ruud, 1998).

Durante la vida intrauterina el feto vive según el ritmo maternal: el pulso, la respiración, el latido cardiaco, el andar y los movimientos del cuerpo con sus variaciones de velocidad y energía, transmiten al feto información de los estados emocionales que en la madre se producen.

Durante los primeros meses de vida se establecen las bases del proceso de comunicación. En este periodo, el conocimiento del mundo es básicamente sonoro, y el oído es el sentido privilegiado en este descubrimiento. La maduración del sistema nervioso central, unido al vinculo afectivo que se establece entre la madre y el bebé, permiten que se asimilen y elaboren las palabras (sonidos) provenientes del exterior y éstas comiencen a cobrar sentido de intercambio y comunicación.

En este proceso, la voz y el cuerpo se convierten en los canales privilegiados de intercambio comunicativo. Desde esta perspectiva, los componentes no verbales del lenguaje (musicalidad del lenguaje) y las manifestaciones sonoras pre-lingüísticas cobran particular importancia tanto para el desarrollo del lenguaje verbal como del musical. Paulatinamente, el desarrollo de conductas comunicativas y del lenguaje, basado en el estímulo y la interacción con el adulto y medio, constituyen el punto de partida del desarrollo social, lingüístico y musical (Sabbatella, 2007).

A lo largo de su desarrollo y maduración personal el individuo va elaborando una imagen de sí mismo, como distinto de otras personas y del mundo que le rodea. En la música confluyen aspectos que ayudan la construcción de la identidad, la cual presenta un componente sonoro- musical, que determina la “identidad musical” de cada persona.

En un ámbito específicamente reeducativo y/o terapéutico, las actividades musicales pueden ser utilizada como herramienta o recurso para el diagnóstico de problemas, como forma de evaluación de las capacidades del paciente en áreas musicales que encuentran su correspondencia con áreas no musicales (Gainza, 1984, Bruscia, 1987, Gfeller y Baumann, 1988; Grant, 1995; Sikstrom y Skile,1995; Wigram, 1995, Sabbatella, 2003a). Los comportamientos sonoro-musicales son indicadores del

nivel de desarrollo, evolución y maduración neurológica y psicológica del individuo (Sabbatella,2003b):

  • Psicomotor: respuestas de excitación o relajación motora balanceo – movimiento con música
  • Sensorial-Perceptivo -Auditiva: respuesta o falta de respuesta al estímulo sonoro localización/ reconocimiento de sonidos condicionamiento audio-vocal (balbuceo).
  • Psico-emocional: capacidad de emocionarse con música y de responder emocionalmente al sonido, de sentir placer o displacer.
  • Cognitivo-intelectual: evolución específica de la respuesta musical y del pensamiento musical.
  • Presencia o no de canciones de balbuceo, bosquejo, etc.
  • Socio-comunicativa: demostrar intención en la comunicación a través del sonido y la palabra.
  • Realizar juegos acompañados de sonidos y música.

A través de este estudio entendemos que los elementos determinantes en el desarrollo infantil, están implicados en el vínculo necesario madre-hijo desde el comienzo, en su relación más temprana, en donde los elementos del lenguaje, la voz, la música, el afecto transmitido y la cultura nos darán los resultados del tipo de relación que se establezca, el nivel de desarrollo del niño y el tipo cultural en donde este inmerso.

Paola Karina Lazo

Lic. en Musicoterapia

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Benenzon, R. (1971). Musicoterapia y Educación. Buenos Aires. Paidos.

Delalande, F. (1995). La música es un juego de niños. Buenos Aires: Ricordi.

Di Franco, G. (1995). Il Grido Universale: Cre-Azione verso una Metodología. En Di Franco, G. y De Michele, R. (ed.), Musicoterapia in Italia. Napoli: Idelson.

Lazo, P. (1998). Musicoterapia: Una Propuesta Educativa-Terapéutica en Estimulación Temprana. Tavira, Nº 15, pág. 127-135.

Lazo, P. (2005). El Juego sonoro-musical. Guía de observación musicoterapéutica en los problemas del desarrollo infantil. Tesis. Universidad del Salvador. Buenos Aires: No Publicado.

Grant, R. (1995). Music Therapy Assessment for Developmentally Disabled Clients. En: Wigram, T;Saperston, B & West, R: The Art & Science of Music Therapy: A Handbook. The Netherlands: Harwood Academic Publishers.

Hargreaves, D. (1998). Música y Desarrollo Psicológico. Barcelona: Grao.Ruud, E. (1998). Music and Identity. En Ruud, E.: Music Therapy:Improvisation, Communication and Culture, Barcelona Publishers, USA.

Sabbatella, P. (1998). El Desarrollo de las Capacidades Musicales en Educación Infantil. En J. M. Serón (ed.), La Educación Infantil: Orientaciones y Propuestas, Cádiz: Servicio de Publicaciones UCA. Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía. Delegación Provincial de Educación y Ciencia de Cádiz.

Sabbatella, P. (1999). Metodología General y Técnicas de Trabajo en Musicoterapia. En M. Chichón Pascual y col., Música y Salud: Introducción a la Musicoterapia II. Madrid: UNED.

Sabbatella, P. (2007). Intervención Musical en los Trastornos del Lenguaje: Orientaciones Teóricas, Metodológicas y Bibliográficas. Audición y Lenguaje, 80, 20-32. CEPE-Madrid.

Winnicott, D. (2002). Realidad y Juego. Barcelona: Gedisa.

Paola Karina Lazo – E-mail: lazopaola@hotmail.com   móvil: 606.514.094

 

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